COLARTES: APUNTES DEL VIAJE CUBA
Por José Manual Galván Leguizamo
He tenido a Cuba cerca de mi
corazón desde que era muy pequeño. Su música, su historia, sus poesías...
fueron parte de mi formación de adolescente, sus ritmos y letras, síntesis de
una nueva forma de vida, tuvieron su espacio en el escenario de los primeros
tiempos en que participé con la plenitud del corazón fresco junto con otros
jóvenes empapados del ánimo de los años setenta. Pero nunca había tenido la
oportunidad de visitar la isla. Ahora, a los 65 años cumplidos, trabajando en
COLARTES (Colectivo de Artes y Raíces Escénicas) y después de varios años de
asistir a múltiples encuentros nacionales en nuestro país, nos llegó una
invitación a asistir al Festival "sin Fronteras." Que se realizaría
en la provincia de Ciego de Ávila, a 7 horas de camino de la Habana. Una
oportunidad que no dejaríamos pasar. Aquí incluyo algunas reflexiones de esta
aventura reciente.
Para subirnos al avión nos costó 'sangre, sudor y lágrimas" literalmente. Desde tomar la decisión de ir venciendo todos los temores de la edad. La poca estabilidad económica de los integrantes, hasta el tema de la salud y "pros y contras" inimaginables: Que Fidel ya se murió" "que sí se cae el avión como el de la semana anterior". Etc. Falta más. Vamos porque vamos... Todo un desafío que nos activaría para conseguir el dinero mediante pocas presentaciones pagadas, donación y préstamos. Y empezamos a movernos, a Vencer las burocracias y mentiras de los vendedores de las agencias de viajes que influyeron en nuestra energía. Varias negligencias al grado de afectar los trámites de los mismos pasaportes que los tuvimos solo un par de días antes de la fecha de salida. Tarjetazos. El estrés crecía al grado que estuvimos varias veces en el punto de suspender la ida. Con contar la anécdota de que ya en el aeropuerto el fantasma llegó ""blanco" del susto diciendo que se le habían olvidado los papeles en Cuernavaca. Solo resultó un "paniqueo" por haber cambiado de mochilas a última hora. Ya nos habíamos comprometido con la organizadora y hasta fecha de presentación teníamos. Y ahí vamos volando en un viaje de dos horas y pico que, sin darnos cuenta, retrasó nuestro reloj 50 años.
Llegamos a Ciego de Ávila, después de cruzar Matanzas y Santa Clara, a
las 2 de la mañana. Una estación central de autobuses grande, pero con poco
movimiento, deteriorada pero limpia. Algunas personas dormitando en las bancas
y algunos perros flacos buscando comida. Llegaron por nosotros en "una
calandria" jalada por caballo. Quizá del siglo antepasado. Yo solo las
había visto antes en algún museo o película. Unas calles antiguas pero pulcras
donde se respiraba confianza. Nos hospedaron en una "casa autorizada"
con la validación del pasaporte por delante. A la mañana siguiente, en las por
nosotros en "una calandria" jalada por caballo. Quizá del siglo
antepasado. Yo solo las había visto antes en algún museo o película. Unas
calles antiguas pero pulcras donde se respiraba confianza. Nos hospedaron en
una "casa autorizada" con la validación del pasaporte por delante. A
la mañana siguiente, en las lagartijas de buen tamaño de colores increíbles;
azul cielo, amarillo y anaranjado combinados en un mismo animal. Desde temprano
en la calle, una algarabía como de fiesta. Los cubanos hablar fuerte y firme,
como peleando, pero no, es su estilo de comunicarse. Para nosotros al principio
era difícil entenderles. A las 11 de la mañana desayunamos en el "paladar”
de enfrente, casa particular que ofrece comidas, caro para los cubanos
aceptable para los visitantes. Y caminamos al TEATRO PRINCIPAL. Hermoso Edificio
de principios del siglo pasado, cuidado, pero ya con los achaques del tiempo. Ahí
un recorrido discreto durante el ensayo técnico de la obra que se presentaría
al día siguiente. Una bienvenida esporádica de participantes en el encuentro.
Nos hicieron sentir parte de la casa. Y nos informaron que nuestra presentación
sería ahí el día siguiente a las tres de la tarde. Tuvimos que cambiarnos de
hospedaje, irnos a la casa de nuestro contacto inicial, Carmen, que amablemente
nos ofreció su casa sin costo pues no era posible para nuestra bolsa pagar 50
cucs por día por hospedaje. A las 9 de la noche el cóctel de bienvenida y
apertura oficial del evento. Un fraternal acto donde asistieron los grupos de
teatro de varias partes de Cuba y COLARTES, nosotros, el invitado especial de
México. Hermosas y significativas palabras de los organizadores.
Ya en el teatro Principal nos
dimos cuenta de que las indicaciones que habíamos dejado para acomodar el
escenario no se habían realizado. Parece que los técnicos de los teatros son
iguales en cualquier parte del mundo. Marcan su territorio. Se pusieron a hacer
las cosas hasta que estábamos ahí. Con calma acomodamos nuestras guitarras,
vestuarios y sillas. Una hora antes estábamos listos para presentar: "LAS
DOS CARAS DEL PATRONCITO" un espectáculo que tiene como remate
la obra del mismo nombre de Luis Valdez y que le da el nombre a toda nuestra
participación. La primera parte está armada con poesías y canciones que, de una
u otra manera, entrelazan el tema que propone Luis en un tono de comedia del
arte, con variantes poéticas. Las antagónicas posiciones de la lucha por el
poder expresadas artísticamente. De una forma ágil y divertida se propone
reencontrar parte del repertorio de los años 70 de varios grupos principalmente
del grupo Mascarones. Con una visión actualizada y al estilo de COLARTES.
Repertorio que ha sido representado en múltiples encuentros nacionales y que ha
crecido en una propuesta propia al recorrer muchos escenarios. En esta ocasión
el público se perdió en la inmensidad del edificio. Aproximadamente 40
personas. Afuera una lluvia tropical intensa se dejó sentir cuando la
representación comenzó con pocas muestras de reacciones de los espectadores.
Era obvio que nuestro material está diseñado para el contacto cercano con el
público, a pesar de las variables de cantidad y de distancia. Y.… a pesar de
que las reacciones estaban muy distantes el público, al final, agradeció el
esfuerzo. Hubo felicitaciones y señalamiento de que se debería presentar en
otros espacios más populares. De qué podríamos una técnica y dicción que los
estudiantes de teatro deberían ver. Si, hay que reconocer, la falta de interés
de los organizadores en comunicarse con nosotros fue palpable. Al transcurrir
las representaciones de los otros grupos nos dimos cuenta de que fuimos el
único grupo que respetó el espacio en espera de una cantidad de público mayor
que nunca llegó. Recordé la frase de los 70: "Llevar el teatro al pueblo y
no el pueblo al teatro"" era evidente, al menos en esta ocasión que
no hay mecanismo, ni intenciones, en Ciego de Ávila, de hacer partícipe a los
pobladores de este tipo de eventos culturales. Quizá, siendo algo radical, se
podría catalogar de "elitista". Total...El calor y la sudada daban un
tono heroico a nuestro esfuerzo. Cumplimos con uno de nuestros objetivos de
manera digna, presentar nuestro trabajo en el festival de teatro Sin fronteras,
Cuba 2018.
Una de las mañanas que supuestamente tendríamos
libres, durante el desayuno se me ocurrió preguntar, “Oye Carmen, ¿sería
posible presentarnos en algún lugar sin previo aviso? Digo con los trámites y
permisos correspondientes... En algún lugar como en los que nos has contado
que, a veces, ¿te presentas? Tenemos tiempo..." Las sesiones de evaluación
de los trabajos teatrales del día anterior se habían relajado tanto que... no
se suspendía oficialmente pero no se llevaban a cabo. "En verdad se
quieren presentar?" "A eso venimos a Cuba. "Deja hago unas
llamadas." Antes de que estuvieran listos los huevos con papas que
estábamos cocinando, ya teníamos la respuesta. "Listo. En la tabacalera
cuando digan. ¿Se podrán presentar por media hora o un poquito más sin que los
trabajadores dejen de trabajar, está bien?". Apenas terminemos de dar el
último bocado y enfilamos la caminata a la fábrica de puros. Llegamos a un
local verde con blanco con unas 50 pequeñas mesas, en donde tenían hojas cafés
de varios tonos cortadas en cuadros adiamantados con los que los trabajadores, moviendo
sus manos ágilmente, formaban enormes puros. El olor peculiar del tabaco
embelesaba nuestros sentidos. Apenas afinamos las guitarras, comenzó el
fantasma con un texto sobre un indigente hablando con el padre celestial y
todos los trabajadores golpeaban sus mesas a manera de singulares aplausos. Una
canción de Atahualpa Yupanqui. "Las preguntitas a Dios" y aplausos
golpeados. Introducción y poesías mexicanas, anónimas de principios del siglo
pasado. Más golpes en las mesas y entusiasmo en sus caras. En cada parte del
programa, los trabajadores, la mayoría mujeres, no dejaban de trabajar con
destreza. Sin embargo, la atención a la representación era completa y animada.
El corrido de Rubén Jaramillo. Subía de nivel el entusiasmo con ese ambiente
activo, un público que agradeció nuestra participación con varios comentarios y
risas. Se conmovieron y agradecieron nuestra disposición a compartir el trabajo
cultural y la experiencia artística en una fábrica manual en un país socialista,
que nos insinúa algunas diferencias en "los modos de producción".
pero que resultan difíciles de resaltar. ""Una raya más al
tigre" construyendo, en cada acción, la dignidad del trabajador de la cultura.
El plan, esa mañana, era estar en una esquina acordada con el conductor a las 4 de la mañana para abordar el transporte para trabajadores de los hoteles de lujo que rodean los cayos. Cayo Coco, cayo Guillermo y otros más... Unas playas que tiene una parte exclusiva para turistas. Notamos el nerviosismo de nuestra amiga desde la planeación del viaje pero no imaginamos que fuese para tanto. O mejor dicho, nos dimos cuenta hasta después que estábamos rompiendo algunas reglas de convivencia en el cotidiano cubano. El camión estaba casi vacío cuando nos subimos. El chófer paró y rápidamente le dijo al fantasma que se cambiara de lugar pues donde se había sentado ese era el lugar preferido de un grupo de "los trabajadores de la cocina" que podrían armarla de tos. Un viaje de más de 2 horas en que tuvimos que pasar desapercibidos. No fue difícil pues nos dormimos casi todo el tiempo. Nos dejaron a un lado de los hoteles y quedaron de regresar por nosotros a las 4 de la tarde. La compañera insistió en que nos instalamos discretamente en la zona rocosa, a decir verdad la más fea parte, mientras nos advertía que se llenaría el lugar en menos de 2 horas. Y así fue, mientras nos cambiamos de lugar, a sugerencia de ella, 2 o 3 veces por el nerviosismo de la compañera. El lugar hermoso recibía "Guagua tras Guagua" y del lado contrario a los hoteles los cubanos pusieron muchos puntos morenos en la playa. En el lado de las playas de los hoteles, en menos cantidad, turismo europeo. Hicimos una pequeña junta para tranquilizar a la compañera diciendole que no haríamos nada incorrecto que pusiera en peligro su trabajo ahí. Éramos extranjeros y que caminaríamos disfrutando del lugar. Ella entendió y se relajó, ella llevaba preparados "Toppers" para cada uno con porciones de comida pues no hay lugar para comprar nada fuera de los carisimos restaurantes de los susodichos hoteles. Al final fue un día hermoso.comprendimos que compartíamos un espacio con familias cubanas que se habían ganado con su trabajo el derecho de disfrutar de la naturaleza de su país sin gasto alguno y de un forma diferente a la del turismo promedio. Cuando al bajarnos del camión de regreso platicamos con algunos trabajadores que nos trataron muy bien, ya veníamos tan cansados que algunos se quedaron a descansar y dejaron pasar la obra de teatro en turno, ya la edad influyó, será..?
El plan, esa mañana, era estar en una esquina acordada con el conductor a las 4 de la mañana para abordar el transporte para trabajadores de los hoteles de lujo que rodean los cayos. Cayo Coco, cayo Guillermo y otros más... Unas playas que tiene una parte exclusiva para turistas. Notamos el nerviosismo de nuestra amiga desde la planeación del viaje pero no imaginamos que fuese para tanto. O mejor dicho, nos dimos cuenta hasta después que estábamos rompiendo algunas reglas de convivencia en el cotidiano cubano. El camión estaba casi vacío cuando nos subimos. El chófer paró y rápidamente le dijo al fantasma que se cambiara de lugar pues donde se había sentado ese era el lugar preferido de un grupo de "los trabajadores de la cocina" que podrían armarla de tos. Un viaje de más de 2 horas en que tuvimos que pasar desapercibidos. No fue difícil pues nos dormimos casi todo el tiempo. Nos dejaron a un lado de los hoteles y quedaron de regresar por nosotros a las 4 de la tarde. La compañera insistió en que nos instalamos discretamente en la zona rocosa, a decir verdad la más fea parte, mientras nos advertía que se llenaría el lugar en menos de 2 horas. Y así fue, mientras nos cambiamos de lugar, a sugerencia de ella, 2 o 3 veces por el nerviosismo de la compañera. El lugar hermoso recibía "Guagua tras Guagua" y del lado contrario a los hoteles los cubanos pusieron muchos puntos morenos en la playa. En el lado de las playas de los hoteles, en menos cantidad, turismo europeo. Hicimos una pequeña junta para tranquilizar a la compañera diciendole que no haríamos nada incorrecto que pusiera en peligro su trabajo ahí. Éramos extranjeros y que caminaríamos disfrutando del lugar. Ella entendió y se relajó, ella llevaba preparados "Toppers" para cada uno con porciones de comida pues no hay lugar para comprar nada fuera de los carisimos restaurantes de los susodichos hoteles. Al final fue un día hermoso.comprendimos que compartíamos un espacio con familias cubanas que se habían ganado con su trabajo el derecho de disfrutar de la naturaleza de su país sin gasto alguno y de un forma diferente a la del turismo promedio. Cuando al bajarnos del camión de regreso platicamos con algunos trabajadores que nos trataron muy bien, ya veníamos tan cansados que algunos se quedaron a descansar y dejaron pasar la obra de teatro en turno, ya la edad influyó, será..?







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